sábado, 22 de junio de 2013

Postmodernidad, legitimidad y Educación. Eduardo Terrén

Postmodernidad, legitimidad y Educación. Eduardo Terrén

Postmodernidad, legitimidad y Educación. Eduardo Terrén
El autor Eduardo Tarren señala como la posmodernidad ha sido un periodo histórico en el cual la intelectualidad de los hombres ha llegado a un punto de ambigüedad y en la cual en su práctica la falta de consensos conceptuales ha dejado un gran hueco cognoscitivo, es decir, la construcción teórica orientada a formular postulados en donde las posturas epistémicas de los teóricos, se convirtieron en posiciones de ataque donde un autor critica, refuta o mejora una posición conceptual tomada anteriormente, lo que deja en el posmodernismo una figura de ausencia de identidad, tal como se cuestionaba el verdadero papel de la ilustración. La cuestión esta configurar a tomar una posición clara entre si la postmodernidad se traduce en negación de la modernidad o por el contrario un síntesis surgida en la modernidad.
Para comprender  a profundidad estas connotaciones que el autor le da al posmodernismo, se amerita pasear por los planteamientos y los resultados que arrojo la denominada modernidad en la sociedad. En primera instancia como explica el filósofo alemán Hans Blumemberg ha mostrado que la modernidad es un  proyecto que demandaba, a nivel conceptual, elevar al hombre al rango de principio ordenador de todas las cosas, para que ya no sea la voluntad inescrutable de Dios quien decide sobre los acontecimientos de la vida individual y social, sino que es el hombre mismo quien, sirviéndose de la razón, es capaz de descifrar las leyes inherentes a la naturaleza para colocarlas a su servicio (Ciencias sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro” Santiago Castro-Gómez). En este punto estamos en presencia de un salto epistémico donde se desmonta el pensamiento teológico como rector de la vida social donde un ente sobre Natural o Supremo gobierna y pone las regla del juego entre las relaciones humanas, y se coloca la existencia del hombre como el único capaz de gobernar por sobre todas las cosas o por sobre todos los hombres, y surge de este modo la razón como instrumento para dominar y delimitar el comino por el cual se debía conducir el hombre para conocer y afrontarse con la realidad en la que este se desenvuelve.
La época posmoderna aparece entonces como ese salto epistémico entre esa lógica de suprematizar al hombre con una nueva forma de abordar la realidad, está  localizada a partir del siglo XIX con el cambio paradigmático de las artes y la arquitectura las cuales hacen eco entre las demás esferas cognoscitivas. Originariamente un tema de la estética, ha colonizado "áreas cada vez más amplias", según Ernesto Laclau, "hasta convertirse en el nuevo horizonte de nuestra experiencia cultural, filosófica y política". "La creciente convicción", como la tiene Richard Kearney, "de que la cultura humana tal como la hemos conocido... ha llegado ahora a su fin”. Entre los tópicos del posmodernismo nos encontramos con una de las crisis que hace que el posmodernismo no sea la respuesta de un salto o un cambio como se visualizaba durante el periodo de gestación de la supuesta fórmula para combatir con los errores de la modernidad, y es el lenguaje tal como lo señala John Zerzan en una publicación de 2013 titulada “La catástrofe del posmodernismo”. Quizá no sea paradójico que el "fetiche de lo textual", como señaló Ben Agger, "desplegara su atracción en una época en que los intelectuales eran despojados de sus palabras". El lenguaje se degrada cada vez más, vaciado de sentido, sobre todo en su uso público. Ya no se puede confiar en las palabras, y esto forma parte de una amplia corriente antiteórica, detrás de la cual se oculta una derrota mucho mayor que la de los ´60: la de la herencia completa de la racionalidad de la Ilustración. Este planteamiento está referido a como se transgredido el uso de las palabras tal como lo describe Eduardo Terrén se rompen las relaciones entre un proyecto cultural con un ideal de realización colectiva e individual, donde se distorsionan la significación de racionalización con liberación; desarrollo con progreso. El desafío en las ciencias sociales se centra en establecer líneas claras las cuales seguir para conocer la realidad además de localizar femémonos que sean el resultado de ese “salto epistémico” para verificar dicho transformación, en consecuencia todo el producto conceptual resultado en este periodo es más un producto lingüístico que una realidad dada.
De este modo han surgido como alternativa líneas de investigación que den resultados que se puedan materializar en esta concepción posmodernista en las que se cuentan, Goodman, por ejemplo, ha propuesto reducir la realidad a un texto construido en el que no tiene sentido afirmar la existencia de un mundo objetivo. Otra variable que emerge de la posmodernidad es el cuestionamiento de la legitimidad no del modelo planteado ni negando la del anterior, es más la posibilidad misma de la legitimidad, es decir, quien o quienes otorgan dicha legitimidad en contraste con anteriores épocas.
Así nos encontramos con otro aspecto ya para terminar la reflexión, la posmodernidad esta colmada de desconstrucciones teóricas lo que deja esa brecha entre las aspiraciones modernas de objetivizar todos los ámbitos sociales y la reivindicación de separar al hombre de una realidad construida por intentos de homogenización de totalidades cognitivas que descuidan aspectos importantes para las relaciones humanas como el amor por ejemplo. Lo que nos deja donde empezó el camino a la modernidad ya que esa falta de acuerdos intelectuales y el intento obligado de homogenizar la experiencia humana cuando esta diversa y es de esa riqueza que las investigaciones sociales terminan aparentemente separas unas con otras cuando en el tras fondo eso apariencia de separación en realidad se traduce en la materialización teórica de dicha diversidad social una relación dicotómica.

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