Postmodernidad,
legitimidad y Educación. Eduardo Terrén
Postmodernidad,
legitimidad y Educación. Eduardo Terrén
El
autor Eduardo Tarren señala como la posmodernidad ha sido un periodo histórico en
el cual la intelectualidad de los hombres ha llegado a un punto de ambigüedad y
en la cual en su práctica la falta de consensos conceptuales ha dejado un gran
hueco cognoscitivo, es decir, la construcción teórica orientada a formular
postulados en donde las posturas epistémicas de los teóricos, se convirtieron
en posiciones de ataque donde un autor critica, refuta o mejora una posición conceptual
tomada anteriormente, lo que deja en el posmodernismo una figura de ausencia de
identidad, tal como se cuestionaba el verdadero papel de la ilustración. La cuestión
esta configurar a tomar una posición clara entre si la postmodernidad se
traduce en negación de la modernidad o por el contrario un síntesis surgida en
la modernidad.
Para
comprender a profundidad estas connotaciones
que el autor le da al posmodernismo, se amerita pasear por los planteamientos y
los resultados que arrojo la denominada modernidad en la sociedad. En primera
instancia como explica el filósofo alemán Hans Blumemberg ha mostrado que la
modernidad es un proyecto que demandaba,
a nivel conceptual, elevar al hombre al rango de principio ordenador de todas las
cosas, para que ya no sea la voluntad inescrutable de Dios quien decide sobre
los acontecimientos de la vida individual y social, sino que es el hombre mismo
quien, sirviéndose de la razón, es capaz de descifrar las leyes inherentes a la
naturaleza para colocarlas a su servicio (Ciencias sociales, violencia
epistémica y el problema de la “invención del otro” Santiago Castro-Gómez). En este
punto estamos en presencia de un salto epistémico donde se desmonta el
pensamiento teológico como rector de la vida social donde un ente sobre Natural
o Supremo gobierna y pone las regla del juego entre las relaciones humanas, y
se coloca la existencia del hombre como el único capaz de gobernar por sobre
todas las cosas o por sobre todos los hombres, y surge de este modo la razón como
instrumento para dominar y delimitar el comino por el cual se debía conducir el
hombre para conocer y afrontarse con la realidad en la que este se desenvuelve.
La época
posmoderna aparece entonces como ese salto epistémico entre esa lógica de
suprematizar al hombre con una nueva forma de abordar la realidad, está localizada a partir del siglo XIX con el
cambio paradigmático de las artes y la arquitectura las cuales hacen eco entre
las demás esferas cognoscitivas. Originariamente un tema de la estética, ha
colonizado "áreas cada vez más amplias", según Ernesto Laclau,
"hasta convertirse en el nuevo horizonte de nuestra experiencia cultural,
filosófica y política". "La creciente convicción", como la tiene
Richard Kearney, "de que la cultura humana tal como la hemos conocido...
ha llegado ahora a su fin”. Entre los tópicos del posmodernismo nos encontramos
con una de las crisis que hace que el posmodernismo no sea la respuesta de un
salto o un cambio como se visualizaba durante el periodo de gestación de la
supuesta fórmula para combatir con los errores de la modernidad, y es el
lenguaje tal como lo señala John Zerzan en una publicación de 2013 titulada “La
catástrofe del posmodernismo”. Quizá no sea paradójico que el "fetiche de
lo textual", como señaló Ben Agger, "desplegara su atracción en una
época en que los intelectuales eran despojados de sus palabras". El
lenguaje se degrada cada vez más, vaciado de sentido, sobre todo en su uso
público. Ya no se puede confiar en las palabras, y esto forma parte de una
amplia corriente antiteórica, detrás de la cual se oculta una derrota mucho
mayor que la de los ´60: la de la herencia completa de la racionalidad de la
Ilustración. Este planteamiento está referido a como se transgredido el uso de
las palabras tal como lo describe Eduardo Terrén se rompen las relaciones entre
un proyecto cultural con un ideal de realización colectiva e individual, donde
se distorsionan la significación de racionalización con liberación; desarrollo
con progreso. El desafío en las ciencias sociales se centra en establecer líneas
claras las cuales seguir para conocer la realidad además de localizar femémonos
que sean el resultado de ese “salto epistémico” para verificar dicho transformación,
en consecuencia todo el producto conceptual resultado en este periodo es más un
producto lingüístico que una realidad dada.
De este
modo han surgido como alternativa líneas de investigación que den resultados
que se puedan materializar en esta concepción posmodernista en las que se
cuentan, Goodman, por ejemplo, ha propuesto reducir la realidad a un texto
construido en el que no tiene sentido afirmar la existencia de un mundo
objetivo. Otra variable que emerge de la posmodernidad es el cuestionamiento de
la legitimidad no del modelo planteado ni negando la del anterior, es más la
posibilidad misma de la legitimidad, es decir, quien o quienes otorgan dicha
legitimidad en contraste con anteriores épocas.
Así nos
encontramos con otro aspecto ya para terminar la reflexión, la posmodernidad
esta colmada de desconstrucciones teóricas lo que deja esa brecha entre las
aspiraciones modernas de objetivizar todos los ámbitos sociales y la reivindicación
de separar al hombre de una realidad construida por intentos de homogenización de
totalidades cognitivas que descuidan aspectos importantes para las relaciones
humanas como el amor por ejemplo. Lo que nos deja donde empezó el camino a la
modernidad ya que esa falta de acuerdos intelectuales y el intento obligado de
homogenizar la experiencia humana cuando esta diversa y es de esa riqueza que
las investigaciones sociales terminan aparentemente separas unas con otras
cuando en el tras fondo eso apariencia de separación en realidad se traduce en
la materialización teórica de dicha diversidad social una relación dicotómica.
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